martes, 26 de abril de 2011

*Cuanto cuesta...*

             Y a veces, cuanto cuesta describirnos a uno mismo, a parte de que a mi parecer no llegamos a conocernos del todo en toda nuestra vida, cada día nos vamos a la cama con algo nuevo en la cabeza. Pero he de reconocer, que soy de esas a las que le encantan buscar el lado frío de la almohada cuando esta arropada por las mantas calientes, de esas a las que le encantan ponerse sonidos en la cabeza día y noche, de esas a las que le encantan dar paseos hasta el fin del mundo, de esas a las que le encantan mirar el horizonte imaginando un mundo paralelo al otro lado, de esas a las que le encantan comerse un helado con caramelo en el interior, de esas a las que le encantan dormir la siesta en la cama, de esas a las que le encantan ver a los niños sonreir sin tener motivo alguno, de esas a las que le encantan que la mimen, que la abracen y a la vez que la quieran, de esas a las que le encantan contar con los dedos de la mano a los amigos de verdad, de esas a las que le encantan las fiestas sin sentido, las madrugadas con el amanecer, de esas a las que le encantan las sonrisas permanentes, y ¿por que no? de esas a las que le encantan sentirse miradas por el sexo opuesto de vez en cuanto, de esas a las que le encantan dormirse tras una buena noche sin tener malos pensamientos en la mente, de esas a las que le encantan tener un baúl de los recuerdos, que guarde toda su vida en el interior.

lunes, 18 de abril de 2011

*Cuanto todo sale*

       Si es que a veces la impaciencia no es una de nuestras mejores amigas, cuando las cosas que queremos, las queremos ya, y no hay más remedio que esperar. Y al fin y al cabo, después del tiempo viene la recompensa, las agujetas aún siguen postradas a mi cuerpo, el olor a salitre me inunda y un rojizo en la cara se deja entrever que no ha estado nada mal, estos tres últimos fin de semanas, en los que la presión me inundo por completo, quedándose en mi vida un largo período, han sido muy buenos, ayer estudiando de camino a la playa, las tardes en la piscina donde los nervios se apoderaban de nosotros, las risas, el terraceo en cada ratito libre, los cafes con hielo sin pagar, los segundos arriba, los segundos abajo, esa cenita rica que nos metimos entre pecho y espalda, no sin recordar la sidra que pasaba de un lado al otro de la mesa, el postre de la abuela, y los últimos bailoteos hasta que nos dieron las tantas, la resaca del viernes, el aguantar la teoría, sobretodo el intentar no dormirse, he de reconocer que hemos sido un buen grupo, sin sus más y sus menos por delante.
       Pero ahora tres semanas más tarde, vuelvo al mundanal rudio, a la presión por los exámenes venideros y a la vida social, esa que por momentos eche de menos.
       Dejo personas atrás que merecen la pena, pero espero volver a coincidir con ellos en alguna otra parte, mientras tanto yo a disfrutar del occidente asturiano tan añorado, y los demás siguiendo con sus vidas.
       Ha sido un placer compartir este curso con vosotros, gracias.


                                      Suerte en lo que os planteis y espero veros en alguna playita.

domingo, 10 de abril de 2011

*Mañana será otro día*

      Cuantas veces me dije eso, cuantas veces sentí que necesitaba desaparecer para volver a la mañana siguiente, cuantas.
      Si es que hay días que las cosas no salen bien, que no todo es lo que parece, en el que la presión se apodera de ti, de ti y de todo lo que te rodea.
      Ya deseo que sea mañana a las 8 para salir por el portal con sonidos en la cabeza, poner el primer pie en la calle y decirme, "Hoy sí, hoy si es mi día". Ese día en el que veré las cosas con otro color, en el que el dolor que ahora me invade, se haya desvanecido.
      ¿La toalla?, no soy de esas que la tiran a la vuelta de la esquina, solo que la presión, dulce y cara presión ha hecho mella en mí en estos instantes.
      Pero mañana será otro día, en el que el cielo tendrá otro color, el día sera distinto y el ánimo sera mi fiel compañero, pero mientras tanto una buena película en la cama, donde las sábanas me arropen y la almohada me abrace.