Va a hacer cinco años que les deje alli pérdidos en ese lugar desconocido del occidente asturiano, pero cada puente que viene me escapo corriendo no vaya a ser que se acostumbren a estar sin mi, aunque creo que eso nunca lo harían. Es cierto, soy demasiado pesada o bueno algo estresante.
Mientras venía para casa después de mi largo paseo por los Pericones, vi a una madre con su hija pequeña, y es que la alegría se reflejaba en su cara, no puedo decir mucho de eso porque yo aún no soy madre y espero que hasta dentro de muchisimos años no lo sea, pero verlas a ellas y sobretodo a sus padres como se les cae la baba a cada paso que dan sus hijos, es demasiado gratificante como para no escribir sobre esa sensación.
Os deseo suerte a los padres primerizos y a los míos ya algo más experimentados, para soportar todo lo que hago y dejo de hacer. Pero sobretodo por aguantarme sin reprocharme nada.
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