domingo, 7 de noviembre de 2010

*Donde todo comenzo*

Lo prometido es deuda, en la última visita por estos lares os prometí poneros donde comenzó mi andadura con las palabras, asique aquí os lo dejo.

¿Cómo poner título a algo sin sentido?

Un día cualquiera, en un bosque perdido a la vez que encantado, me encontraba esperando, deseaba escribir pero no lo lograba a hacer, la inspiración se había ido junto a una ráfaga de viento. Decidí marcharme, ella no llegaba y comenzaba a caer la noche. Sentía ruidos raros entre los arbusto pero no me importaba, me fui. Pero alguien gritaba mi nombre, alguien me llamaba, eche a correr pero me gritaba con más fuerza: "Te vas a caer, no corras más", fue cierto había un árbol, choque contra él, me caí.
Al despertar, era totalmente de noche, a mi lado se encontraba un pequeño duende, observándome y con agua para que yo pudiera beber, para así recuperarme pronto, me incorpore, me dijo en voz baja que no tuviera miedo, que él no me haría daño, me pregunto que hacía allí, le dije que me adentraba en el bosque para poder encontrar mi inspiración que me faltaba cuando estaba lejos, él se sentó, se llamaba duende-verde, a él nunca le había gustado ese nombre, pero me explicó que la ley de su familia era poner los colores detrás de duende, sus hijos se llamarían duende-verde seguido de otro color más para así poder seguir con la tradición. Me dijo que él también a veces necesitaba salir de su mundo para poder refugiarse en su propia soledad, para invadirle al tristeza de una forma más amena, de una forma que él sólo conocía y sentía, corría por un mundo distinto que él mismo había inventado, donde los sueños eran el primer plato, donde se encontraban las pequeñas hadas que iluminaban cada paso que el daba por allí, donde su único interés era encontrar una pequeña inspiración. Le interrumpí, le pregunte si algun día yo podría estar allí, si algún día me lo enseñaría. Me dijo que yo ya estaba allí, que me encontraba en mi propio mundo y que él correspondía a las pequeñas hadas que él tenía en el suyo, al momento sentí el escalofrío que muchas veces aparecía en mi cuerpo, cuando necesitaba escapar, correr hacia otro lugar, sin darme cuenta, por mi mente empezaron a correr palabras, frases.
Sueños por cumplir,
deseos que realizar,
momentos que recordar,
pasado añorada,
gente, mucha gente...

Volvía la sensación de volver a escribir, lo hice. Cogí una pequeña hoja y él me dejo un pequeño bolígrafo que no me entraba en la mano, allí en medio de un bosque completamente sola, comencé a escribir una pequeña historia.

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